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2716. Miércoles, 2 septiembre, 2015

 
Capítulo Dosmilésimo septingentésimo decimosexto: “Tenemos constantemente el deseo, el impulso, de prohibir, de negar lo de los demás, lo que nos es desconocido. Ante esa tentación, proponemos una virtud no sacramental sino social: el respeto”. (Alejandro Aura, 1944-2008; poeta mexicano.).

A la hora de inventar a los españoles no hay quien les gane. Y además con inventos de verdad, útiles, prácticos, siempre focalizando nuestro ingenio en hacer la vida más cómoda. Que nos cuesta estar agachados para fregar el suelo, pues inventamos la fregona; que sabemos que nos da grima lavarnos las manos por aquello de tener que aguantar el caramelo, pues el ponemos un palo e inventamos el chupachus...

Inventos españoles también son la grapadora, el pelapatatas, el futbolín o -mientras el resto del mundo sigue bebiendo en simples vasos-, nosotros nos adelantamos tecnológicamente con el botijo y el porrón. Más prácticos imposible. Porque no sabremos de ciencias gravitacionales, ni de las aplicaciones de la teoría de cuerdas, pero a hábiles no nos gana nadie... y por eso inventamos las tapas, la sangría y el sofá.

Cosas que, si por algún casual, no las hemos inventado por aquí, nadie ha perfeccionado su uso tanto como nosotros. Evidentemente.