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1537. Viernes, 15 enero, 2010

 
Capítulo Milésimo quingentésimo trigésimo séptimo: "Tenía una eyaculación tan precoz que en las películas porno solo podía rodar un corto" (José A. 36 años, productor de cine)

Cuando establecemos la -tan habitual -comparación entre una señorita sexualmente promiscua y una gallina, estamos cometiendo un doble error. Primero con la mujer, que, por muy ramera que sea (y salvo que ejerza de tal de forma profesional) rara vez cobrará por acostarse con distintos hombres.

Al menos en metálico.

Y por otro con las gallinas, las cuales, y a pesar de su mal ganada fama de furcias, poseen una moral sexual cercana a la monogamia. Si en un gallinero hay alguien crápula, disoluto y disipado, es siempre el gallo, no ellas.

Por ello me sumo a la propuesta que circula por ahí poniendo las cosas en su sitio: las gallinas, igual que no son consejeras autonómicas, carpinteras o ministras, tampoco son putas. Y si algún animal de bellota jurásico sigue empeñado en insultar a una mujer, que lo haga usando otros bichos mucho más depravados y peligrosos que las pobres gallinas. Que haberlos haylos...

Cualquier mosquita muerta, por ejemplo.