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  538. Jueves, 5 mayo, 2005

 
Capítulo Quingentésimo trigésimo octavo: "En realidad las tortugas saben volar, lo que pasa es que son tan lentas que no consiguen despegar" (Pablo H., 8 años, estudiante)

No sé si el "dicho" estará muy extendido o simplemente era una frase que mi abuela había cogido prestada de vete tú a saber quien y la acabó añadiendo a su repertorio, pero cada vez que alguno de nosotros se despistaba con alguna cosa, por tonta que esta fuera, nos soltaba algo así como que nos habíamos quedado "como las vacas mirando pasar al tren".

Y algo de razón debía de tener la buena mujer, al fin y al cabo poco más que ver pasar un tren le hace falta a una vaca para quedarse con la boca abierta durante un buen rato.

Bueno pues de la misma manera me quedo yo cada mañana que vengo a trabajar, cosas del estrés, claro, algo que quizá por ese gran corazón que poseo, me producía un "ligero" (muy ligero, es verdad) remordimiento pensando, ingenuo de mí, si no estaría desatendiendo, aunque sólo fuera por unos minutos, mis obligaciones laborales al estar "mirando como las vacas al tren".

Pues no, resulta que no, que me tenían engañado, y visto lo visto, parece que soy de los "profesionales" más activos laboralmente hablando.

Un estudio realizado por una empresa de trabajo temporal, asegura que 1 de cada 5 (!uno de cada cinco!) españoles confiesa (!confiesa!) que en algún momento se ha quedado dormido en su lugar de trabajo.

De ellos, un 11% lo hizo en su mesa, un 5 % en el retrete de la empresa y un 4 % (!cuatro por ciento!) durante alguna reunión.

¡Yo nunca me he quedado dormido en una reunión!

Tal y como está el panorama laboral no sólo se me acaban de quitar esos remordimientos de improductivo que -por mi buen corazón- me entran de vez en cuando, sino que desde ahora mismo voy a exigir un plus por mi fabuloso rendimiento, muy superior, desde luego a la media.

O eso o a partir de ahora ese porcentaje del 4% de reunión-dormilones aumenta fijo, que ya está bien de hacer el tonto sólo por ser bueno.